Reflexiones para el 2016. El Rumbo, el Camino, la Meta.

admin

Para este 2016 que comienza nada mejor que una reflexión de Jorge Bucay que nos aclara la diferencia entre el Rumbo el Camino y la Meta :

Un señor sale de puerto en su pequeño bote velero a navegar por un par de horas. De repente, una fuerte tormenta lo sorprende y lo lleva descontrolado mar adentro. En medio del temporal, el hombre no ve hacia dónde es llevado su barco, sólo atina a arriar las velas, echar el ancla y refugiarse en su camarote hasta que la tormenta amaine un poco.

Cuando el viento calma, el hombre sale de su refugio y recorre el velero de proa a popa. La nave está entera. No hace agua, el motor se enciende, las velas se hallan intactas, el agua potable no se ha derramado y el timón funciona como nuevo.

El navegante sonríe y levanta la vista con intención de iniciar el retorno a puerto, pero lo único que ve por todos lados es agua. Se da cuenta de que la tormenta lo ha llevado lejos de la costa y de que está perdido.

Sin instrumental de rastreo ni radio para comunicarse, se asusta y, como les pasa a algunas personas en situaciones desesperadas, se acuerda en ese momento de que él es un hombre educado en la fe. Y entonces, mientras llora, se queja en voz alta diciendo:

—Estoy perdido, estoy perdido... Ayúdame Dios mío, estoy perdido...

En ese momento, aunque parezca mentira, un milagro se produce en esa historia. El cielo se abre, un círculo diáfano aparece entre las nubes, un rayo de sol ilumina el barco, como en las películas, y se escucha una voz profunda (¿Dios?) que dice:

— ¿Qué te pasa?

El hombre se arrodilla frente al milagro e implora:

—Estoy perdido, estoy perdido, ilumíname, Señor. ¿Dónde estoy, Señor? ¿Dónde estoy...?

En ese momento, la voz, respondiendo al pedido desesperado, dice:

—Estás a 38 grados latitud Sur, 29 grados longitud Oeste.

—Gracias, Señor, gracias... —dice el hombre agradeciendo la ayuda divina.

El cielo comienza a cerrarse.

El hombre, después de un silencio, se pone de pie y retoma su queja, otra vez llorando:

 

—Estoy perdido, estoy perdido...

Acaba de darse cuenta de que saber dónde está uno no alcanza para dejar de estar perdido.

El cielo se abre por segunda vez:

— ¿Qué te pasa ahora? —pregunta la voz:

—Es que, en realidad, no me alcanza con saber dónde estoy, lo que yo quiero saber es dónde voy, cuál es mi meta.

—Bien —dice la voz—, eso es fácil, vas de vuelta a Buenos Aires.

Y cuando el cielo comienza a cerrarse otra vez, el hombre reclama:

—No, no... ¡Estoy perdido, Dios mío, estoy perdido, estoy desesperado...!

El cielo se abre por tercera vez:

— ¡¿Y ahora qué pasa?!

—! No... Es que yo, sabiendo dónde estoy y sabiendo el lugar adónde voy, sigo estando tan perdido como antes, porque en realidad no sé dónde está ubicado el lugar donde voy.

La voz responde:

—Buenos Aires está a 38 grados...

— ¡No, no, no! —Interrumpe el hombre— Estoy perdido, estoy perdido... Ayúdame Dios mío... Me doy cuenta de que no alcanza con saber dónde estoy y adónde quiero llegar; lo que yo necesito es saber cuál es el camino para llegar desde aquí hasta allí... El camino, por favor, señor, muéstrame el camino...

El hombre sigue llorando. En ese preciso instante, cae desde el cielo un pergamino atado con un lazo. El hombre lo abre y ve que se trata de un mapa marino. Arriba y a la izquierda un puntito rojo que se enciende y se apaga dice: «Usted está aquí» Abajo a la derecha, en un punto azul se lee: «Buenos Aires» Y en un tono fucsia fosforescente, el mapa muestra una ruta. Es, obviamente, el camino a seguir para llegar a destino.

El hombre por fin se pone contento. Se arrodilla, una vez más, y agradece:

—Gracias, mil veces gracias !

Nuestro improvisado y desgraciado héroe mira el mapa...enciende el motor...estira la vela...observa el horizonte en todas direcciones...Y después de un rato dice:

— ¡Estoy perdido, estoy perdido...!

Este cuento nos invita a reflexionar de cara a este 2016 que recien inicia.

En efecto la meta es el punto de llegada, el camino es la ruta, el rumbo la dirección.

 

Solo si tenemos clara la diferencia en estos conceptos  podemos dejar de estar perdidos .

Nos falta saber hacia dónde.

El tema está en conocer el rumbo. El tema no está en donde se quiera llegar , no está en cuan cerca estoy.

Cuando conozco el rumbo ya no necesito evaluar si falta mucho o poco, si voy a llegar o no, ni qué haré después.

Aunque desconozca dónde estoy y como sigue el camino, mientras sepa dónde está mi norte, no estoy perdido.

Nuestra vida es una suma de pesos y contrapesos, solo entendiendo el propósito de lo que buscamos y hacemos  podremos encontrar nuestro Rumbo

Feliz 2016 para tod@s !!!!